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No es fácil ser adolescente. O ser el padre de un adolescente. ¿Qué pasa con los adolescentes que huyen de sus hogares por culpa de la guerra o de otros conflictos civiles, huyen sin sus familias: qué tan difícil es intentar ser una madre o un padre para ellos?
Leticia les puede decir. Desde el 2002, esta mujer de Seattle y su esposo, Gabriel, han sido padres de acogida en un programa conectado con el Servicio Luterano de Inmigración y Refugiados (Lutheran Immigration and Refugee Service, o LIRS).
"Fue difícil porque los chicos vienen con muchos problemas", dice de los primeros dos adolescentes que cuidaron. No podía hacer nada para cambiar el pasado del joven de Nicaragua, huérfano a los 7 años de edad, quien creció como un niño de la calle. O del adolescente guatemalteco que vio como mataban a su padre y no recuerda a su madre. (No se utilizan nombres para asegurar la privacidad de los niños de acogida.)
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